El año pasado se celebró el milenario del nacimiento de Salomón Ibn Gabirol, poeta y filósofo nacido en Málaga. Sorprendentemente, a pesar de haber nacido en Málaga y tener reconocimiento internacional, es una figura prácticamente desconocida.

Ibn Gabirol nació en 1021 accidentalmente aquí, en Málaga. Se debió a que su familia, sobre el 1013 proximadamente, tuvo que abandonar Córdoba porque allí la situación no era buena y buscaron refugio en Málaga. Tuvo una vida breve y desdichada, si es que la desdicha puede ser breve. Vivió en Málaga durante 7 años, aunque casi siempre firmaba como Ibn Gabirol “el malaquí”, y luego buscó refugio en Zaragoza en un mecenas (Yekutiel) al que le dedicó algunos poemas. Sus padres murieron pronto, padecía una enfermedad de la piel y no era muy agraciado, además se sospechaba que era homosexual, por lo que acabó refugiándose principalmente en el cultivo de la filosofía y de la poesía.
Escribió algunos tratados de filosofía como La fuente de la vida. Después de un tiempo en Zaragoza, murió Yekutiel y la sociedad era inestable, así que huyó nuevamente y se refugió en Granada; pero no mucho después, vuelve a huir y llega hasta Valencia, donde espera viajar a la Tierra Santa. En Valencia, su obra empieza a adquirir cierto reconocimiento, y finalmente muere asesinado por envidia. Es curioso
que en el lugar donde fue asesinado creció una higuera. Algunos lo ven como un símbolo de cómo un pensador es capaz de transmutar la tragedia de la vida en belleza.
A pesar de haber sido poco investigado y de no conservar muchos documentos ni testimonios, influyó sobre autores importantes como Giordano Bruno, Spinoza o Bergson. Incluso en Tel-Aviv la avenida más importante comercialmente lleva su nombre.

En calle Alcazabilla, en Málaga, hay una escultura de él, y muchos le llaman “el sin papeles” o “el amarero del Pimpi”. Con motivo del milenario, el Ayuntamiento decidió cambiar el lugar de la escultura, y la giró mirando al alcazaba para que obtuviese mayor visibilidad. Si no conocemos nuestro patrimonio, ¿cómo
podemos valorarlo adecuadamente?.
Su pensamiento y obra no fue muy conocida posteriormente porque se atribuyeron a personalidades distintas: Ibn Gabirol y Avicebrón; hasta que en París, hacia el siglo XIX, un investigador descubrió que eran la misma persona.
Según Unamuno y María Zambrano (razón poética), el pensamiento se encuentra diluido tanto en las letras como en las artes, por ello se dice que España no tiene una tradición filosófica sólida como Alemania o Francia. Destacan San Juan de la Cruz, Cervantes o Calderón (entre otros muchos autores), que crearon obras literarias con una densidad de pensamiento muy poderoso. En esta misma línea se encuentra Ibn Gabirol. Él se nutre de fuentes cristianas, árabes, judías… se le consideraba un pensador ecléctico. Considerado neoplatónico, pero Aristóteles influyó también en él. De hecho, en La fuente de la vida, su obra filosófica más importante, se aprecia la no poca coincidencia con el pensamiento de Aristóteles. Ibn Gabirol se nutría de los pensadores que lo llevaban a pensar y experimentar la vida de otra manera, como Séneca, Platón o Aristóteles; y no tenía ningún prejuicio sobre religión, origen o nacionalidad.
En un fragmento al comienzo de La fuente de la vida, aparece un diálogo filosófico donde se afirma que lo mejor del hombre es su conocimiento y por consiguiente, es imprescindible que el hombre se conozca a sí mismo. ¿Por qué puede ser eso importante?
Uno de los motivos es sin duda la libertad, porque cómo vamos a poder ejercerla si no lo hacemos bajo el conocimiento. Muchos filósofos sostienen que el pensamiento debería ser lo que decide, aunque claro está que podemos vernos influidos por los sentimientos, o percibir el conocimiento desde diversas perspectivas, pues el pluralismo es inevitable y los seres humanos somos muy diversos, por lo que no es fácil de conciliar.
No obstante, la gran mayoría está de acuerdo en que en buena medida el conocimiento debería ser lo que decida; y elegir, decidir y preferir son acciones con las que nosotros diariamente ejercemos la libertad junto con otros valores. Si actuamos conforme al conocimiento, estaremos actuando más consecuentemente, que es uno de los fines de la razón. Asimismo, una vez que conocemos el mundo, podemos adaptarnos a sus leyes lo mejor posible, con el fin de conseguir beneficiarnos de ello.
Conocerse a sí mismo es muy importante también, así nos damos cuenta de nuestras virtudes y defectos, de nuestros límites… Por ejemplo, mediante la poesía manifestamos lo que pensamos y sentimos, por tanto, podemos conocernos a través de ella: ¿cómo uno puede ser si no sabe lo que es?

En esta obra Ibn Gabirol también hace referencia a la importancia de la imaginación, y lo hace de manera similar a como lo hizo Aristóteles en Acerca del alma : lo propio de la imaginación es ponernos en el lugar de los fenómenos que nos rodean, y nosotros podemos participar en ellos gracias a ella.
Aristóteles considera que la felicidad es el fin último de la vida humana porque todo lo que hacemos es un medio para alcanzar un fin, pero la felicidad es un fin en sí mismo. Para él, la felicidad es una actividad, y no podemos ser felices sin ejercer adecuadamente la razón.
Cierto es que cada persona tiene su manera de ser feliz y su proyecto de vida es diferente, pero al final sí que tenemos muchos aspectos en común como dormir, comer, amar y ser amados, educarnos…

Uno de los poemas más destacados de Ibn Gabirol es La Corona Real. En el fragmento que leímos aquel día, se expresaba muy bien la contingencia de la existencia humana. Según Aristóteles, frente a tragedias como la de Edipo o Antígona, el espectador no puede evitar experimentar la catarsis, debido a que se identifica con el personaje y se da cuenta que, a pesar de lo inteligente que sea, no puede librarse del destino. Todos somos presos del destino, y por eso mismo nuestra existencia es contingente; y el papel de nuestro conocimiento es intentar anticipar la incertidumbre para elegir lo más conveniente. No obstante, el conocimiento es finito, nadie puede saber por completo lo que está porvenir, ni aun siendo el más sabio de los hombres.
También escribió “Fíjate en el Sol del Ocaso”, poema dedicado a Yekutiel:
Fíjate en el sol del ocaso, rojo,
como revestido de un velo de púrpura:
va desvelando los costados del norte y el sur,
mientras cubre de escarlata el poniente;
abandona la tierra desnuda
buscando en la sombra de la noche cobijo;
entonces el cielo se oscurece, como si
se cubriera de luto por la muerte de Yequtiel
Este es uno de los más breves que escribió, donde refleja el dolor que siente por la muerte de su mecenas. Él nos hace ver que el mundo sigue indiferente mientras que nosotros no paramos de sufrir la ausencia de ese ser querido que ya no está. En este poema, Ibn Gabirol ve en la naturaleza el luto que él tiene en su interior, rasgo muy representativo del Romanticismo y que llega a nuestros días, por ejemplo, a través de los paisajes sentimentales de la poesía de Antonio Machado.

Por último quiero destacar que Ibn Gabirol, aunque muchos estudiosos lo describen con un carácter agrio, escribió “Poema de la amistad”, que tiene un trasfondo completamente contrario a ello, o donde al menos no lo refleja. El poema trata sobre dos amigos que aunque hayan peleado o tenido una discusión, uno no le guarda rencor al otro; y aquí es donde se ve el yo poético de Ibn Gabirol, donde en vez de cultivar resentimiento o rencor, guarda gratitud. Y con ello nos muestra que a pesar de las diferencias que podamos tener con cualquier amigo, guardar gratitud es preferible a guardar rencor u odio, pues son sentimientos que nos rebajan y nos hacen “presos” a nosotros mismos.
